
Mis dos últimas y recientes incursiones en una sala cinematográfica han resultado satisfactorias.
La primera, para ver El cónsul de Sodoma, estimulado-espoleado por una polémica muy jugosa que se prolonga hasta el día de hoy y que ha resultado la mejor campaña de marketing de la película.
De no haber conocido previamente la santa indignación de Marsé, la revoltosa y provocadora satisfacción del Espada o el acartonadamente profundo rechazo de los Boyero de turno, dudo mucho de que me hubiera asomado a este biopic hispánico de un poeta tan querido como Jaime Gil de Biedma... interpretado por Jordi Mollá (!)... y acompañado de Bimba Bosé (!!) en su recreación de una cierta Barcelona señorita y canalla de los años sesenta (!!!).
Y lo más curioso es que me ha gustado. Nada extraordinario, nada que ver con la perfección, la brillantez o la excelencia. Pero sus fallos se toleran y Sigfrid Monleón logra captar la esencia del personaje que biografió Miguel Dalmau. Precisamente éste ha dado la clave del asunto: "A Jaime le habría gustado la película".

La segunda –Up in the air– es una extraña comedia trágica a la que quizá le sobre eso que la hace, precisamente, tan contradictoriamente atractiva: el despedidor volante encarnado por un siempre encantador George Clooney. Otro actor interpretando a este terminator laboral habría resultado menos simpático y quizás más digno de compasión en su derrota final.
Entretenida pero fallida. Superficial y previsible, a pesar de sus (buenos) giros de guión. Amarga y desoladora, aunque tolerable. Siempre nos quedará la duda de cómo habría resultado esta historia de desolación en manos de Clint Eastwood o del Peter Cattaneo de Full Monty.
Dos películas nada más. Nada asombroso ni excepcional, es cierto; pero sí muy alentador. No todo está perdido en esos pequeños recintos de oscuridad y silencio, compartidos entre unos cuantos desconocidos a los que nos gusta que nos cuenten historias.

2 comentarios:
Resulta sorprendente el rasgar de vestiduras ante el enfoque biográfico de Monleón, que proviene del libro de Dalmau. En Inglaterra una biografía como esta habría cosechado incontables premios y elogios por su sinceridad y exhaustividad; aquí la gente se escandaliza y los profesores universitarios protestan porque no tiene el tono de tesis doctoral que a ellos les gustaría. Parece que nos sigue costando relacionarnos de forma sincera con ciertas figuras ya desaparecidas de nuestra cultura.
Absolutamente de acuerdo contigo, Serge
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